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La economía volvió a trabarse entre la inflación y la incertidumbre

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Gráfico lineal con una cesta de alimentos, 3 personas jalando hacia abajo.
Grafico de subida de precios y combustible

Colombia entró a abril con una señal de alarma que va más allá de la tasa de interés. Después de que el Banco de la República subió su referencia al 11,25 %, la tensión entre el Gobierno y la Junta no solo se mantuvo: escaló hasta abrir un escenario de incertidumbre institucional que ya preocupa a analistas y mercados. Reuters reportó que la salida del ministro de Hacienda de la Junta, en protesta por la decisión, podría incluso afectar la operatividad futura de la política monetaria si no se resuelve pronto el choque institucional.

El problema no es menor. La discusión ya no gira solo alrededor de si la tasa debía subir o no, sino sobre qué mensaje envía un país cuya conducción económica parece fracturada en un momento de inflación todavía desanclada, déficit fiscal amplio y expectativas debilitadas. Reuters señaló que algunos analistas ya proyectan que la tasa podría cerrar el año en 12 %, justo cuando la economía necesita recuperar oxígeno y credibilidad.

Para la gente, sin embargo, esta pelea se traduce en algo más simple: créditos costosos, consumo apretado, inversión frenada y más dudas sobre el rumbo económico. El dilema no es técnico solamente. Es político y cotidiano. Mientras el Banco argumenta que debe contener presiones inflacionarias todavía persistentes, el Gobierno sostiene que seguir endureciendo las tasas castiga a los hogares y a la actividad productiva. Ese choque expone una pregunta de fondo: quién está pensando hoy en la vida real de las familias colombianas.

La coyuntura se vuelve más delicada porque coincide con un momento electoral, con el conflicto en Medio Oriente presionando commodities y con dudas sobre el segundo trimestre. Portafolio advirtió que el arranque de ese periodo estará lastrado por la alta incertidumbre económica y por los efectos del ambiente electoral. En otras palabras: Colombia llega a abril con tasas altas, inflación incómoda y ahora también con una disputa institucional en el corazón del manejo macroeconómico.

El debate de estos días deja una conclusión evidente. La economía no puede discutirse como si fuera un pulso entre expertos desconectados del país real. Si el mensaje final para los hogares es más incertidumbre, más costo financiero y menos claridad, entonces la política económica habrá perdido contacto con el ciudadano común, aunque gane la discusión técnica. Y ese es precisamente el riesgo que hoy empieza a hacerse visible.

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