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“Le incumplieron a los maestros”: El Profe Caicedo entra al choque por la crisis del FOMAG

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El profe caicedo

Hay temas que en Colombia no se pueden tocar a la ligera. El magisterio es uno de ellos. Y por eso el mensaje reciente de Carlos Caicedo no pasó desapercibido. En una pieza difundida por Mundo Político, el candidato dijo que el Gobierno de Gustavo Petro “le incumplió a los maestros colombianos”, cuestionó que se haya triplicado el presupuesto del sistema y aun así persista un déficit de 2,1 billones de pesos, y puso el foco en lo que considera el dato más grave: docentes, pensionados y familias haciendo filas, sin medicamentos y soportando un sistema indigno. El mensaje conecta con una crisis que lleva meses instalada y que ya no puede tratarse como una simple turbulencia administrativa.

La gravedad del tema no depende solo del tono de campaña. Desde 2025, distintos reportes vienen mostrando que el FOMAG arrastra una crisis de caja y de operación que golpea directamente la atención del magisterio. Portafolio reportó en septiembre de 2025 que el sistema de salud del fondo enfrentaba un déficit histórico de 2,1 billones de pesos en 2024, con gastos por 4,8 billones que superaron ampliamente los ingresos. Consultorsalud reseñó el mismo diagnóstico con base en un informe de Así Vamos en Salud y advirtió que el desbalance estructural compromete la sostenibilidad y la atención de docentes y sus familias.

Caicedo no se limitó a denunciar el déficit. En otro mensaje publicado en X, fue más allá: expresó su apoyo al paro de Fecode y sostuvo que los maestros “tienen razones de sobra”, porque se les prometió un cambio y hoy enfrentan un sistema sin medicamentos, con demoras y sin respuestas.

Pero el cuadro no ha sido lineal ni unívoco. En mayo de 2025, Caracol Radio informó que, tras filtrarse un video interno del FOMAG, el vicepresidente del fondo aclaró que la pérdida de 2 billones correspondía a deuda acumulada del modelo anterior, no necesariamente a la operación del nuevo esquema. El Tiempo recogió una defensa similar de la entidad, según la cual el nuevo modelo no tenía pérdidas sino incluso un superávit. Y en febrero de 2026, el Ministerio de Educación aseguró que respaldaba investigaciones por pagos cuestionados dentro del FOMAG y deslindó al Gobierno de desembolsos presuntamente ejecutados por Fiduprevisora pese a advertencias previas. Es decir: hay disputa sobre las causas y la responsabilidad exacta del hueco, pero no sobre el hecho de que el sistema sigue bajo una presión severa.

El punto político de Caicedo no está solo en la crítica: está en tocar el corazón simbólico del país docente

Eso es lo que vuelve interesante la intervención de Caicedo. Porque un ataque plano al Gobierno por este tema podría quedarse en oportunismo. Sin embargo, su mensaje entra por otro lado: el de la dignidad del maestro y el de una pregunta más profunda sobre qué clase de izquierda quiere representar. Cuando dice que “si la izquierda no demuestra que sabe transformar con hechos, deja el camino libre a la derecha”, no está hablando solo del FOMAG. Está hablando del costo político de prometer reformas y no traducirlas en protección concreta para la gente que sostiene la educación pública.

Ahí aparece con fuerza el personaje que la campaña quiere consolidar: el Profe Caicedo. No es un apodo vacío. Su biografía política arranca en la Universidad del Magdalena, donde fue rector antes de ser alcalde de Santa Marta y gobernador del Magdalena. La propia Alcaldía de Santa Marta recuerda que ocupó la rectoría entre 1997 y 2006 y que durante esa etapa la universidad pasó de una situación crítica a una expansión significativa en presupuesto, cobertura y programas académicos. El País Cali también lo perfila como un dirigente cuya vida pública está atravesada por la docencia y la educación superior.

Ese detalle importa porque le permite hablarle al magisterio desde una legitimidad distinta. No como un comentarista externo, sino como alguien que viene del mundo educativo y que quiere poner a los docentes en el centro de una discusión sobre Estado, ejecución y bienestar. En una campaña donde buena parte de los candidatos hablan de seguridad, impuestos o escándalos, Caicedo está tocando una fibra que mezcla educación, salud y promesa de cuidado social.

La crisis del FOMAG le permite a Caicedo enlazar dos narrativas de campaña: protección social y capacidad de gestión

El segundo movimiento es más estratégico. Caicedo viene insistiendo en un mensaje que repite en casi todos sus frentes: el problema no es solo tener recursos, sino ejecutarlos bien. Ya lo hizo cuando criticó la baja ejecución presupuestal del Gobierno y lo volvió a hacer aquí, trasladando esa misma lógica al sistema de salud del magisterio. El mensaje es simple y potente: no basta con anunciar más plata si esa plata no se traduce en medicamentos, citas, atención digna y tranquilidad para las familias.

Ese punto se conecta con su bandera más visible, Te pagamos por estudiar. En entrevistas recientes, Caicedo ha defendido esa propuesta como una forma de evitar la deserción escolar, reducir la pobreza y quitarle a la violencia parte de su cantera juvenil. Según explicó a Infobae, su plan busca transferencias directas a estudiantes o familias para que los jóvenes no tengan que escoger entre comer, transportarse o seguir en el sistema educativo. Y en otra entrevista con el mismo medio vinculó la falta de oportunidades educativas con el reclutamiento y la violencia.

¿Por qué eso entra aquí? Porque la crisis del FOMAG le permite proponer algo más grande que una indignación sectorial: le permite presentar una idea de país donde el maestro, el estudiante y la familia aparecen como parte de una misma cadena que el Estado tiene que proteger. Salud digna para docentes, permanencia educativa para jóvenes y gestión efectiva de recursos públicos dejan de verse como temas separados y empiezan a parecer una misma tesis de campaña.

El ataque a Petro funciona solo si Caicedo logra moverlo hacia una propuesta más amplia de izquierda con resultados

Ese es el punto delicado. Tú, mi lector, ya lo habías visto bien: cuando Caicedo aparece demasiado concentrado en pegarle a Petro, el efecto puede ser ambiguo o incluso contraproducente. Por eso, en este caso, lo más inteligente no es leer su video como un misil contra el Gobierno y ya. Lo más útil es leerlo como una oportunidad para mover la conversación hacia su sello propio: una izquierda que no viva solo del discurso, sino que se mida por su capacidad de cumplir.

En esa clave, el tema del FOMAG deja de ser solo una denuncia coyuntural y se vuelve un ejemplo de su tesis central: el país está cansado de planes que no llegan a la vida real. Los maestros sirven aquí como emblema perfecto, porque representan al mismo tiempo trabajo público, tejido social, formación de futuro y una base histórica del progresismo. Si ni siquiera ellos se sienten protegidos, el daño simbólico para la izquierda es profundo.

Caicedo parece haber entendido eso. Por eso no se quedó solo en “el gobierno incumplió”, sino que remató con una frase pensada para ordenar el debate: “Colombia no necesita más discursos de cambio. Necesita resultados concretos.” Esa línea no es solo una crítica. Es una definición de campaña.

La pregunta de fondo ya no es si hay crisis en el FOMAG: es qué candidatura puede convencer de que sabe resolverla

A estas alturas, la existencia de una crisis en la salud del magisterio es difícil de negar. Lo que está en disputa es quién carga con la responsabilidad principal, qué parte corresponde al modelo anterior, qué parte al nuevo, qué parte a Fiduprevisora y qué parte al Gobierno central. Pero mientras esos actores discuten la atribución exacta, los usuarios siguen sintiendo el sistema como un problema real.

Ahí es donde la campaña entra de lleno. Porque una elección presidencial no se trata solo de identificar quién falló, sino de persuadir sobre quién puede arreglarlo. Y en ese terreno, se quiere que el país vea al Profe Caicedo como una figura capaz de unir dos cosas que hoy aparecen demasiado separadas en la política colombiana: sensibilidad social y ejecución administrativa.

El FOMAG, en ese sentido, no es solo una noticia sectorial. Es una prueba política. Mide la distancia entre recursos y resultados, entre promesas y atención, entre relato y gestión. Y Caicedo está intentando convertir esa prueba en una pregunta más grande para 2026: si el país ya vio lo que pasa cuando el cambio no logra ejecutar, ¿por qué no mirar a una izquierda que quiera demostrar que sí sabe hacerlo?

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