La entrevista de Nelson Alarcón, fórmula vicepresidencial de Carlos Caicedo, abrió una puerta importante en la campaña: la de discutir reformas de fondo sin quedar atrapados en la pelea fácil por la reelección. En conversación con Caracol Radio, Alarcón fue explícito: no comparten la reelección presidencial y sí consideran necesaria una transformación estructural del Estado, incluyendo una Asamblea Nacional Constituyente y una federalización del país.
Ese matiz importa. Porque en el debate colombiano la palabra “Constituyente” suele llegar rodeada de sospecha, como si solo sirviera para alargar el poder de alguien. Alarcón intentó cortar de raíz esa lectura: dijo que la discusión no es para perpetuar un liderazgo, sino para abrir una participación democrática más amplia y avanzar hacia un país menos centralista. La frase clave de la entrevista fue justamente esa: “Vamos mucho más allá, necesitamos una descentralización”.
Y ahí es donde la conversación deja de ser una discusión abstracta sobre derecho constitucional y empieza a tocar el corazón del proyecto político de Caicedo. Porque si algo viene diciendo desde hace meses el candidato es que Colombia no puede seguir gobernándose desde un centro que concentra decisiones y suelta tarde los recursos, mientras las regiones cargan con los problemas reales. En noviembre de 2025, en entrevista con El Espectador, Caicedo dijo sin rodeos que no mantendría el régimen centralista y que impulsaría un modelo federal como parte de un rediseño más profundo del Estado.
La fórmula Caicedo-Alarcón no está hablando de reelección
Ese es el primer punto que vale la pena subrayar. La entrevista de Caracol no muestra una campaña obsesionada con la reelección ni con una salida personalista. Muestra una campaña que quiere instalar otra discusión: quién decide, desde dónde decide y por qué las regiones siguen dependiendo tanto de Bogotá para responder a problemas que viven todos los días.
Alarcón no habló solo como acompañante de fórmula. Habló como alguien que intenta darle un marco político a una candidatura que no quiere limitarse a administrar el mismo Estado centralista con otro tono. Su apoyo a la Constituyente aparece conectado a una idea más amplia de descentralización, de federalización y de mayor participación democrática. Eso coincide casi exactamente con la narrativa de Caicedo, que viene insistiendo en que las regiones no pueden seguir pidiendo permiso para decidir sobre educación, salud, infraestructura y seguridad cotidiana.
La clave aquí es que el federalismo, en esta campaña, no se presenta como un capricho académico ni como una consigna vacía. Se presenta como respuesta a un problema que el país conoce demasiado bien: ministerios que tardan, recursos que no bajan, regiones que esperan y ciudadanos que terminan pagando la lentitud de un aparato estatal demasiado concentrado.
El Profe Caicedo quiere que el federalismo no suene a teoría, sino a gestión probada en el territorio
Ahí es donde entra una de las fortalezas más claras de esta candidatura: Carlos Caicedo no está tratando de posicionarse como un ideólogo del cambio, sino como alguien que ya gobernó. Y esa trayectoria es exactamente la que permite proponerse como el Profe Caicedo: un dirigente que viene de la educación pública, que pasó por la Universidad del Magdalena y que luego convirtió esa experiencia en una secuencia de gobierno local y regional.
La Alcaldía de Santa Marta recuerda en su perfil oficial que Caicedo fue rector de la Universidad del Magdalena entre 1997 y 2006 y que durante esa etapa logró superar la crisis que amenazaba con cerrar la institución. Según esa fuente, aumentó el presupuesto de la universidad de 6 mil a 40 mil millones, subió el número de estudiantes de 2.000 a 9.000 y abrió 20 programas de pregrado. La misma entidad presenta ese proceso como la base de su salto posterior a la alcaldía de Santa Marta.
A eso se suma otra capa de su biografía pública. Caicedo fue también gobernador del Magdalena entre 2020 y 2023, alcalde de Santa Marta entre 2012 y 2015 y rector de la Universidad del Magdalena entre 1997 y 2006, y se destaca por haber dedicado buena parte de su vida a la docencia y al sistema educativo. Su propuesta de campaña incluye que estudiantes de bachillerato reciban hasta el 75 % de un salario mínimo mensual dentro del plan “Te Pagamos Por Estudiar”, para evitar que los jóvenes tengan que escoger entre trabajo y educación.
Ese recorrido importa porque permite contar el federalismo desde otro lugar. No como una promesa teórica, sino como la evolución lógica de alguien que ya vio desde adentro cómo una universidad, una ciudad y un departamento pueden cambiar cuando tienen dirección, capacidad de ejecución y autonomía para decidir.
Si el territorio sabe gestionar, el país necesita darle más poder
Ese es, en el fondo, el argumento más potente de la fórmula Caicedo-Alarcón. No basta con decir que Colombia necesita más descentralización. Hay que demostrar por qué. Y la campaña puede responder esa pregunta con una secuencia clara: porque el centro no siempre ejecuta a tiempo; porque las regiones conocen mejor sus urgencias; y porque en el caso del «profe» Caicedo hay una experiencia política que se construyó justamente desde el territorio y no desde la comodidad del aparato nacional.
Por eso la entrevista de Alarcón también sirve para ordenar otra discusión: la de qué tipo de izquierda quiere representar esta campaña. No una izquierda que viva solo de la denuncia, ni una que se limite a administrar inercias institucionales, sino una que insista en reformas de fondo y al mismo tiempo pueda mostrar capacidad de gestión.
El federalismo de Caicedo también conecta con su otra gran bandera: educación, permanencia y futuro
La otra razón por la que esta conversación no es menor es que enlaza de forma natural con la bandera más visible de la campaña: la educación. Si el Estado centralizado ha sido lento y desigual para responder, la apuesta de Caicedo es que un modelo con más capacidad territorial pueda ejecutar mejor políticas concretas como “Te Pagamos Por Estudiar”. La propuesta busca otorgar ingresos mensuales a estudiantes de secundaria y familias de bajos recursos para que los jóvenes no abandonen el sistema educativo. Caicedo plantea financiarla mediante una reestructuración del sistema de subsidios y, eventualmente, mediante deuda destinada específicamente a educación.
En términos políticos, eso le da coherencia al discurso. El federalismo no aparece como un tema separado de la vida de la gente. Aparece como la arquitectura institucional que permitiría llevar mejor educación, más permanencia escolar y más capacidad de respuesta a los territorios. Y eso encaja con la imagen que la campaña quiere consolidar: el Profe Caicedo, un dirigente formado en lo público, con lenguaje de transformación, pero también con una biografía que arranca en la universidad y vuelve una y otra vez a la educación como herramienta de cambio.








