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Paloma Valencia no trae algo nuevo: trae el viejo manual de la derecha

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Paloma la de siempre
Más fracking, más militares, menos impuestos y ajuste fiscal: el programa de Paloma Valencia no parece una renovación de la derecha, sino una reedición casi intacta de sus fórmulas clásicas.

La candidatura de Paloma Valencia está creciendo en visibilidad, pero no por una gran innovación ideológica. Está creciendo porque la derecha necesita ordenarse, y porque su programa ofrece algo que muchos sectores conservadores reconocen de inmediato: el libreto de siempre. Más fracking, más militares, menos impuestos empresariales, ajuste fiscal y una promesa de autoridad como respuesta central a casi todos los problemas del país.

El resumen de su plan, presentado como “Plan 10”, deja pocas dudas. Según el reporte de El País, Paloma Valencia propone incorporar 60.000 nuevos militares y policías, reactivar el fracking y la explotación de combustibles fósiles, bajar impuestos empresariales, simplificar el sistema tributario, reestructurar la deuda externa y reforzar una agenda de seguridad con más control estatal y más inteligencia. Es una plataforma coherente, sí, pero coherente con la derecha clásica, no con una derecha renovada.

Eso es precisamente lo que vuelve tan interesante su ascenso. No está ocurriendo porque Paloma haya encontrado una síntesis novedosa entre mercado, derechos y modernización. Está ocurriendo porque una parte de la derecha institucional siente que necesita una candidatura más digerible y más ordenada que la de Abelardo de la Espriella, sobre todo de cara a una eventual segunda vuelta contra Iván Cepeda. El propio seguimiento electoral muestra que, mientras Cepeda sigue liderando la primera vuelta, tanto Valencia como De la Espriella aparecen competitivos contra él en un balotaje.

La pregunta es qué tipo de derecha está recogiendo Paloma. Y la respuesta parece bastante clara: una derecha empresarial, de seguridad dura, de energía fósil y de disciplina fiscal. Nada de eso es nuevo. De hecho, es probablemente la parte más reconocible del repertorio conservador de las últimas décadas. Su fuerza hoy no nace de la novedad, sino de la necesidad. En un contexto donde la derecha no quiere llegar dividida y donde el centro no termina de consolidarse, Valencia empieza a verse como el recipiente más funcional para reagrupar a quienes quieren frenar al progresismo sin apostarle al desorden de otras candidaturas.

Eso también explica por qué su programa puede entusiasmar a los propios sin convencer del todo a quienes buscan algo distinto. Hay un sector del electorado que sí quiere más policía, más petróleo, menos impuestos y más ajuste. Pero también hay otro que puede leer esa oferta como una reedición casi intacta del país que ya conoce: un país donde la solución vuelve a pasar por la fuerza, el extractivismo y la promesa de que el mercado, bien liberado, corregirá lo demás.

En ese sentido, Paloma Valencia no está encarnando una derecha nueva. Está encarnando una derecha que, asustada por la posibilidad de perder, vuelve a su manual más clásico para compactarse. Puede ser eficaz electoralmente. Puede incluso funcionar como punto de convergencia. Pero no deja de ser eso: el regreso de una receta conocida, vendida como si fuera novedad porque el momento político exige orden, no imaginación.

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